Cómo ser paciente y no morir en el intento!

Siempre me ha impresionado la gente que puede mantener la cordura y la paz mental mientras esperan a que corran largos procesos en la vida. Por mi parte, considero que el termino “paciencia” y yo sinceramente no somos parte de la misma definición. Dado lo anterior he llegado a la conclusión de que la paciencia es para mi un tema de trabajo personal al cual le he dedicado y dedicaré extensas horas en meditación y terapia.

A lo largo de mis días de impaciencia cotidiana, he notado que no soy en lo absoluto especial en este aspecto. Hay una enorme cantidad de personas allá afuera que día con día, son consumidas por la enervante ansiedad que se genera cuando las cosas no resultan como y cuando se quieren. O dicho de una manera más sencilla, la moderna incapacidad de ser paciente.

Recientemente mi esposo y yo pasamos por un proceso particular de tramites, de aquellos divertidos en los que el tiempo de respuesta varía entre veinte días, seis meses y un año. Hoy en día, un año después seguimos en este viaje del papeleo y sobra decir que para mi esto ha sido de lo más cercano a un martirio. Sin embargo, recientemente ocurrió lo que ocurre tarde o temprano para nosotros los impacientitos. Me rendí ante el verdadero hecho de que no tengo ni un poquito de control sobre el resultado. Me hubiera imaginado que notar esto me iba a provocar aun más ansiedad, algo como lo que ocurre con los maratonistas cuando llegan a la tan conocida “pared”, pero para mi sorpresa me hizo sentir plenamente en paz. De la mano con esto, como balde de agua fría me cayeron unos cuantos veintes acerca de lo increíblemente posible que es ser paciente y no morir en el intento.

A continuación les comparto aquellos breves descubrimientos que trajeron paz a mi corazón en un momento de absoluta e impaciente turbulencia.

  1. Haz el 100% de lo que esta en tus manos (y no más). Es verdad que en muchas ocasiones los impacientes tenemos puntos ciegos y por estar vueltos locos queriendo que las cosas ocurran ayer, dejamos de hacer cosas importantes que pueden ser vitales para lograr que ocurra lo que estamos buscando. Asegúrate de cubrir todo de lo que tu eres responsable y deja de querer hacer de más. Esto te brindara la seguridad de que tu haz hecho todo para inclinar la balanza a tu favor. También hay ocasiones en las que realmente lo único que nos toca hacer es esperar. Si este es tu caso, simplemente espera sabiendo que estas haciendo todo lo que puedes. En ambos casos, hacer menos o querer hacer más de lo que esta en tu área de responsabilidad, es un factor que le sube el volumen a la ansiedad.
  1. Elimina todas las zonas grises. Ambivalencia. Este es el nombre del país donde habita la ansiedad de los impacientes. En la mayoría de los procesos que demandan paciencia existen dos realidades paralelas; la que esta ocurriendo en el mundo físico y tangible, y la que esta ocurriendo en el supuesto de la imaginación. Algo que alimenta el mundo imaginario del impaciente es la falta de claridad sobre los procesos que esta viviendo; esta falta de certeza surge en ocasiones por no hacer preguntas suficientes y adecuadas. Asegúrate de tener todas las dudas que puedas llegar a tener sobre tu proceso puestas sobre la mesa. Ya sea que puedas hacerle estas preguntas a alguien si es que te están proporcionando un servicio o bien, sencillamente que tengas claridad sobre lo que no sabes te ayudará a dar pasos más firmes. La información reduce la incertidumbre y puede ayudarte a mantenerte en paz.
  1. Dile no al terrorismo emocional. Honestamente, la impaciencia casi siempre, sino es que siempre, surge por que tenemos miedo consciente o inconscientemente a que no ocurra lo que queremos que ocurra (o a que ocurra lo que no queremos que ocurra). Tu mente tiene una poderosísima influencia en tu cuerpo. Si los pensamientos que ocurren silenciosamente en tu mente dicen que no se va a poder, que no lo mereces, o simplemente que algo va a salir mal, estas teniendo al enemigo en casa. Tus pensamientos negativos son sino la principal, una de las principales fuentes de estrés y ansiedad.
  1. Evita el ser monotemático. Se que para ti en esos momentos no hay nada más importante que lo que impacientemente quieres que ocurra o que no ocurra en tu vida, pero el que se lo cuentes a medio mundo no va a cambiar nada. Sin embargo, si va a hacer que hables más sobre el tema, tengas más pensamientos recurrentes sobre el mismo y que refuerces el hecho de que aun no ocurre o aun no sabes. Lo anterior evidentemente no contribuye a generar un estado de animo balanceado. Procura buscar tantos temas de conversación que sean de tu interés como sean posibles, que puedan darle a tu mente y a tu corazón una vacación del tema que te genera impaciencia.
  1. Mantén tus intereses cotidianos. Probablemente este es el ingrediente secreto de la receta del desastre. Dedicar toda tu energía a lo que quieres que ocurra o que no ocurra (pero que no puedes hacer nada al respecto) y olvidar todos tus otras actividades, responsabilidades, sueños y amistades solamente generaran un vacío en tu vida. Esto juega en tu contra sumando a tu impaciencia el sentimiento de insatisfacción e incluso soledad. Mantener tu mente enfocada en donde más te interesa es algo positivo, siempre y cuando no descuides las otras cosas que le dan brillo a tu vida.
  1. Desfoga tu ansiedad físicamente. Tu cuerpo-mente es como una batería con cierta capacidad. La energía excedente no puede ser acumulada dentro de la misma, por lo que necesita ser liberada. Hacer ejercicio físico es una manera más sana de liberar la energía excedente que darle infinidad de vueltas al mismo tema en la mente hasta el cansancio. A demás de que el ejercicio impulsa la producción de endorfinas y algunas otras hormonas que nos hacen sentir felices.
  1. Medita. Sin importar la técnica de meditación utilizada, es bien sabido que centrar nuestra atención en lo que esta ocurriendo en el momento presente es capaz de llevar a la mente a un estado de trance contemplativo que tiene un sinnúmero de beneficios. Entre ellos, reduce la ansiedad significativamente, nos mantiene en lo que esta ocurriendo ahora y nos previene de llevar el pensamiento al incierto futuro.

“La paciencia es la fortaleza del débil y la impaciencia, la debilidad del fuerte”. Kant.