El mirar de la vida

No se si me la inventé o si la frase es más vieja que mi tatarabuelo, pero en verdad “la vida es como una montaña rusa”. Tiene subidas y bajadas, con diversas intensidades e inclinaciones. Diferentes momentos, placenteros y otros no tanto.

En cualquiera de los casos anteriores, te voy a pedir que te imagines la vida como una fuerza que oscila en subidas y bajadas tipo montaña rusa. Es una curva como un gusanito, con picos y valles. La mitad de la curva que esta por arriba representa las emociones de amor o de alta vibración y la mitad de la curva que esta por debajo representa las emociones de miedo o de baja vibración.

Pensamos que las partes bajas son feas o temibles por que están matizadas con miedo, pero eso no es cierto. Se sienten terribles por que no nos damos permiso de sentirlas, por que de antemano suponemos que va a sentirse feo y como aprendimos a evitar las sensaciones entonces mejor me imagino lo que se va a sentir. Y lo siento de cualquier manera.

Imagínate esto: Estas muy feliz tu en tu vida, en esta parte muy alta de la curva del gusanito, completamente pleno y de repente. Empieza a bajar el carrito de la montaña rusa a la curva inferior y tu estas completamente distraído. Baja, baja y cuando llega al punto crítico, sientes que se te sale el alma del cuerpo, un terror abrumante y te quedas marcando ocupado. Acto seguido, el carrito de la montaña rusa sigue andando por la curva del gusanito y va ahora hacia arriba, cada vez más lejos del punto crítico de miedo y esa sensación que tenias de terror empieza a desaparecer.

Sigue muy cordial tu paseo en esta montaña rusa que llamamos vida y llegas al punto critico de felicidad, al punto más alto, al punto más pleno y se te olvida por completo aquella historia de terror que viviste en el punto más bajo. Disfrutas de aquello que estas viviendo, y el carrito sigue adelante.

Siguiendo el flujo de la vida, el carrito se dirige hacia la bajada. Y entonces recuerdas lo que sentiste la ultima vez que fuiste de bajada, la ultima vez que tocaste el punto más bajo. Tu mente, que esta hecha para protegerte, te avisa de lo que “puede pasar”, y entonces lo sientes, sientes aquello que podría pasar, lo supones y lo sientes como si ya estuviera ocurriendo. Tocas ese punto de terror horrido y sales de ahí. Y con sudor en la frente y el corazón acelerado te diriges hacia la parte alta de la montaña rusa.

Siguiendo el patrón de la vez anterior, vas subiendo y empiezas a encontrarte con aquellas cosas que son maravillosas, que valen la pena vivirse, que son espiritualmente orgásmicas. Pero esta vez, esta vez no es tan fácil olvidar lo que pasó en aquel punto bajo, esta vez aun estas nervioso. Pero finalmente te acercas al punto más alto de la montaña rusa de la vida y es tanto el éxtasis que por un momento olvidas todo y te dedicas a disfrutar. Y de repente recuerdas, que algo pasa después de que se siente felicidad… se siente terror, como la ultima vez. Y tu mente empieza a encenderse en alarma previniendo cualquier cosa que pudiera pasar, que pudiera sentirse como te lo estas imaginando, como lo estas creando dentro de ti.

Aun que sigues en una parte alta de la curva del gusanito, ya se esta empezando a sentir como si estuvieras cerca de la parte más baja. Pasa un poco de tiempo y tu dentro del carrito, pasas por el punto más bajo y crítico. Se siente como es de esperarse y sigues adelante.

Llega un punto en el que esta situación, que esta empezando a ser repetitiva, es interpretada como no conveniente por tu  mente. Y  tu cerebro, que es el órgano que porta a la mente y rige tu cuerpo físico se ve obligado a fingir demencia, a cerrar los ojos de la mente y a retirar la mirada de tu realidad. Cualquier cosa por supervivencia, no ver es mejor que sufrir con lo que veo. Sin embargo hay un precio a pagar. Cuando retiro la mirada del presente, para dejar de ver al miedo, también la retiro del amor.

De tal suerte que si retire la mirada del presente, la estoy colocando en el pasado, y en el pasado existe justamente aquello que me trajo a dejar de ver. Empiezo a recordar en pasado, en lugar de mirar en presente.

Ahora todo es diferente. Ya no se ven las subidas ni las bajadas, ya no se siente la intensidad del punto más bajo, ni del más alto. Ya no se siente miedo, ni tampoco se siente amor. Se siente lo que recuerdo, aquello que fue tan fuerte para hacerme querer dejar de mirar. Se siente el miedo escondido usualmente manifestado como ansiedad. Y nos dormimos a la vida. A salvo pero sin amor, sin intensidad pero sin pasión.

Pero. Dado que el ser humano es la especie con más capacidad de manifestación y supervivencia, no hubiéramos creado una ceguera emocional, sin cura para la misma. Esta cura se llama consciencia.

La cura para esta ceguera en la cual no podemos ver la chispa de la vida, la pasión, el deseo y la intensidad de vivir, es nuestra consciencia. Nuestra capacidad de MIRAR VOLUNTARIAMENTE al miedo, al amor, al dolor, a la alegría, a cualquier expresión emocional. Si bien es cierto que cuando nos enfrentamos a un evento aterrador y abrumador sin consciencia, tendemos a cegarnos y dejar de mirar la vida. El hecho de mirar la vida incluso en estos momentos de terror, es lo que nos hace aprender de ellos y poder transformarlos, vivirlos plenamente e incluso disfrutarlos.

¿Y cómo es que podemos mirar la vida? La vida se mira tomando todas las emociones que surgen de nosotros como si fueran el mensaje más sagrado. Como si fuera indispensable (que si es) entender el mensaje del cuerpo. De la misma forma plena en la que mira un padre o una madre a su hijo recién nacido, es como cada quien debería mirar sus emociones.  Para poder nutrirnos de lo que si necesitamos y soltar lo que es obsoleto.

La razón por la cual se siente tan oscura y lúgubre la ceguera en la montaña rusa, es por que si darle la mirada a mi vida me hace sentir vivo, retirarle la mirada a mi vida me hace sentir muerte.

 

Pedro Afif G.